← Reflexiones

EL ARTE ES, ANTE TODO, COMUNICACIÓN

Y comunicar implica necesariamente la existencia de un interlocutor. A veces se habla del artista como si fuese una especie de ser aislado que crea únicamente para sí mismo, indiferente a toda recepción. Pero una obra verdaderamente artística nace, de una forma u otra, dirigida hacia otro. Incluso cuando surge desde la intimidad más profunda, necesita salir de sí, encontrar una mirada, una conciencia capaz de recibirla. Por eso el problema de muchos artistas contemporáneos no es únicamente la falta de éxito o reconocimiento, sino algo más esencial: la dificultad de hallar un espacio donde la obra pueda ser contemplada verdaderamente. Vivimos rodeados de imágenes, pero cada vez más pobres en contemplación. Se mira mucho y se observa poco. Se consume rápidamente, pero raramente se permanece. Y ciertas formas de arte —aquellas que requieren silencio interior, tiempo y atención— quedan desplazadas por la velocidad y el impacto inmediato. No creo que todo artista aspire necesariamente a la posteridad. Muchos simplemente desean algo más humano y cercano: que su obra pueda acontecer en el presente; que exista un interlocutor real, aunque sea minoritario. Porque sin interlocutor, el arte queda suspendido en una especie de vacío. La obra existe, sí, pero como una voz pronunciada en una habitación silenciosa. Y aun así, seguir creando quizá sea una forma de resistencia frente a una época que ha aprendido a mirar sin ver.